Cuento: La Dragona y la Princesa

8504665-panorama-con-castello-medievale-drago-e-cavaliere-illustrazione-di-cartone-animato-e-vettorialeIlustrador: Cartone animato e Vettoriale

¡Hemos buscado y encontrado el cuento de dragones y princesas más encantador del mundo para explicar a vuestros hijos e hijas! ¡Os gustará!!!

En aquel país había un dragón. Pero resulta que aquel dragón era un dragón bien extraño.

De hecho, había muchas cosas extrañas en aquel país: resulta que tenía un rey, como suele pasar en los países de los cuentos. Y este rey tenía una hija, como también suele pasar en los cuentos. Era una hija que no se parecía demasiado a las princesas de los cuentos.

A ella lo que le gustaba era la acción, moverse, vivir aventuras. Como su padre no se lo dejaba hacer, un día se escapó del castillo con la intención de ir a luchar con el dragón que vivía a las afueras del reino.

Cogió su lanza de la armería real y se fue a buscar al dragón. No le costó demasiado encontrarlo, porqué la bestia era muy grande y se veía a simple vista.

-¡Ei, bestia ,despiértate!

El animal abrió un ojo, miró la princesa y refunfuñó:

-¿Me llamas a mi?
-¡Claro que te llamo a ti!  ¡Venga levántate!
-Vuelve en media hora. Ahora estoy haciendo la siesta.

La princesa se esperó a que pasara la media hora y a que el dragón acabara de dormir. Después, cuando se despertó, bostezó ruidosamente, se lavó la cara en un río que había allí cerca y, cuando acabó, preguntó a la chica:

 -¿Para que me llamabas, chiquilla?
– Para luchar contigo.
-¿Conmigo? ¿Y eso? ¿Para qué?
-Porqué eres un dragón y los humanos y los dragones siempre van a garrotazos. Las leyendas están llenas de luchas entre dragones y caballeros.
-Me parece que te has equivocado, chiquilla… Para empezar, yo no soy un dragón, sino una dragona. Y tu no eres un caballero, sino una caballera.
-No importa; podemos luchar igualmente…
-Basta. Hay otro inconveniente: yo no tengo ningunas ganas de pelearme contigo. Ni contigo ni con nadie. ¡Yo soy una dragona pacífica!
-Y no eres mala, nada de nada, ¿tu? ¿Ni un poquito mala? ¿Es que no te comes a la gente o qué?
-Ay no,
hijita – dijo la dragona-. Yo me alimento de calabazas y calabacines. También como berenjenas, pimientos, tomates y alguna cebolla.
-¡Sí que vamos bien! ¿No haces maldades? ¿No sacas fuego por tu boca ni asustas a las criaturas?
-No, chica, no. Yo paseo despacito, tomando el sol y hago siestas.
-Así que no hay nada que hacer…
-Lo siento, pero me parece que no…

No hace falta decir que la princesa se quedó muy decepcionada con todo aquello.

Ella que se había hecho todas las ilusiones de pasárselo la mar de bien luchando con el dragón y todo el resto, se tubo que conformar con hacerse su amiga. Y como que en el castillo se aburría mucho, cogió su laúd y se fue a vivir con la dragona…

FIN

Autor : Joles Senell

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